Sábado, 9 de noviembre de 2019

Muerto al Pecado y Vivo para Dios por medio de Cristo

“¿Ha perdido el Evangelio su poder para impresionar los corazones? ¿Es debido a que la influencia regeneradora del Espíritu de Cristo ha muerto, que los corazones no son purificados, santificados y preparados por el Espíritu Santo? No, la espada del Es- píritu, la Palabra del Dios viviente, está todavía con nosotros; pero debe ser esgrimida con ahínco. Usémosla como lo hicieron antaño los santos de Dios. Mediante su poder viviente y vivificante se abrirá camino a los corazones…” (Alza Tus Ojos, pág. 14).

1. ¿Por qué es necesario que el viejo hombre sea crucificado con Jesús y sepultado con Él en el bautismo? Cuando uno acepta ser enterrado con Él, ¿qué sucede después?

Romanos 6:2, segunda parte, 4, 6-8 … ¿cómo viviremos aún en él? … 4Porque somos sepultados juntamente con él á muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. … 6Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre juntamente fué crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, á fin de que no sirvamos más al pecado. 7 Porque el que es muerto, justificado es del pecado. 8Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él.

“La conversión es una obra que la mayoría no aprecia. No es cosa de poca monta transformar una mente terrenal que ama el pecado, e inducirla a compren- der el indescriptible amor de Cristo, los encantos de su gracia y la excelencia de Dios, de tal manera que el alma se impregne del amor divino y sea cautivada por los misterios celestiales. Cuando una persona comprende estas cosas, su vida anterior le parece desagradable y odiosa. Aborrece el pecado, y, quebrantando su corazón delante de Dios, abraza a Cristo, vida y gozo del alma. Renuncia a sus placeres anteriores. Tiene una mente nueva, nuevos afectos, nuevo interés, nueva voluntad; sus tristezas, deseos y amor, son todos nuevos …” (La Fe por la cual Vivo, pág. 141).

“El nuevo nacimiento es una experiencia rara en esta era del mundo. Esta es la razón por la cual hay tantas perplejidades en las iglesias. Muchos, demasiados, que asumen el nombre de Cristo no están santificados ni son santos. Han sido bautizados, pero fueron enterrados vivos. El yo no murió, y por lo tanto no se elevaron a novedad de vida en Cristo (Manuscript 148, 1897)” (Seventh-day Adventist Bible Commentary, tomo 6, pág. 1075).

No hay lugar para el pecado

2. Si el viejo hombre muere con Cristo, ¿cómo reaccionará una persona cuan- do se siente tentado a pecar? ¿Es posible que el pecado continúe gobernando sobre él y use a sus miembros como instrumentos de pecado?

Romanos 6:11-13 Así también vosotros, pensad que de cierto estáis muertos al pecado, mas vivos á Dios en Cristo Jesús Señor nuestro. 12No reine, pues, el peca- do en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias; 13Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumento de iniquidad; antes presentaos á Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros á Dios por instrumentos de justicia.

“La obra en que estamos empeñados es sagrada. El apóstol Pablo exhorta a sus hermanos diciéndoles: ‘Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios’ 2 Corintios 7:1. Mantener la pureza de nuestro espíritu, como templo del Espíritu Santo, es un deber sagrado para con Dios. Si el corazón y la mente se dedican al servicio de Dios, obedeciendo todos sus Mandamientos, amándolo con todo el corazón, la fuerza, la mente, y la capacidad, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, seremos encontrados leales y fieles a los requerimientos del cielo.

“Además, dice el apóstol: ‘No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mor- tal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias’ Romanos 6:12. También insta a sus hermanos a ejercer diligencia insistente y paciente perseverancia en sus esfuerzos por lograr la pureza y la santidad debida, en estas palabras: ‘Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible’ 1 Corintios 9:25” (Testimonios para la Iglesia, tomo 4, pág. 37).

3. ¿Cuándo el pecado ya no tiene dominio sobre el pecador? ¿Qué significa estar bajo la gracia y no bajo la ley?

Romanos 6:14, 15 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. 15¿Pues qué? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo de la ley, sino bajo de la gracia? En ninguna manera.

“El principio de que el hombre puede salvarse por sus obras, que es funda- mento de toda religión pagana, era ya principio de la religión judaica. Satanás lo había implantado; y doquiera se lo adopte, los hombres no tienen defensa contra el pecado” (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 26). [Vease Nota Final 1]

“La condición en que el pecado nos ha colocado es antinatural, y el poder que nos restaure debe ser sobrenatural, o no tiene valor alguno. No hay poder que pueda quebrantar el yugo del mal y libertar de él los corazones de los hombres, sino el poder de Dios en Jesucristo. Sólo mediante la sangre del Crucificado hay purificación del pecado. Sólo la gracia de Cristo puede habilitarnos para resistir y dominar las inclinaciones de nuestra naturaleza caída” (El Ministerio de Curación, pág. 335).

“En su nombre, por su gracia, el hombre puede ser vencedor, así como Cristo lo fue” (Hijos e Hijas de Dios, pág. 26).

“La gracia de Cristo puede cumplir por nosotros todo lo que nuestros esfuerzos fallarán en hacer. Los que aman y temen a Dios pueden estar rodeados por una multitud de cuidados, y sin embargo no fallar ni hacer sendas torcidas para sus pies. Dios se ocupa de vosotros en el lugar donde desempeñáis vuestro deber. Pero aseguraos de ir con frecuencia al lugar donde se acostumbra a orar” (Consejos sobre la Salud, pág. 421).

Siervos del que obedecemos

4.Cuando el Señor usó tanta gracia para perdonar nuestros pecados y liberarnos de la condenación, ¿podemos pensar que es beneficioso continuar viviendo en pecado? En tal caso, ¿qué tipo de servicio estaríamos dando y quién sería nuestro amo?

Romanos 6:16 ¿No sabéis que á quien os prestáis vosotros mismos por siervos para obedecer le, sois siervos de aquel á quien obedecéis, ó del pecado para muerte, ó de la obediencia para justicia?

“Una gran cantidad de los que profesan ser siervos de Cristo no lo son en realidad. Están engañando a sus almas para su propia destrucción. Mientras profesan ser siervos de Cristo, no viven en obediencia a su voluntad. ‘¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?’ Muchos, mientras profesan ser siervos de Cristo, obedecen a otro amo, trabajando diariamente en contra del Maestro al que profesan servir. ‘Ninguno puede servir a dos Señores; o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y las riquezas’ Mateo 6:24” (Testimonios para la Iglesia, tomo 2, pág. 394).

5.¿Cuán agradecidos deberíamos estar por la libertad que Jesús ha ganado y nos ha dado? Cuando nos liberamos de la esclavitud del pecado, ¿de quién nos hacemos siervos?

Romanos 6:17, 18 Empero gracias á Dios, que aunque fuistes siervos del pecado, habéis obedecido de corazón á aquella forma de doctrina á la cual sois entregados; 18Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia.

“Si hubieran perfeccionado la luz que ha sido dada … estarían ahora mucho más adelantados en la vida divina de lo que están. Ambos son vanidosos y orgullosos. No han sentido que deben dar cuenta de su mayordomía. Son responsables ante Dios por todos sus privilegios y todos los medios que han pasado por sus manos. Han buscado su propio placer y su gratificación egoísta a expensas de la conciencia y de la aprobación de Dios. No actúan como siervos de Cristo, responsables ante el Salvador que los compró con su propia sangre” (Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 93).

Comprometidos con el servicio a la justicia

6. Renunciando a todas las obras impuras y perversas, ¿a qué servicio nos comprometemos con todo nuestro corazón?

Romanos 6:19-21 Humana cosa digo, por la flaqueza de vuestra carne: que como para iniquidad presentasteis vuestros miembros á servir á la inmundicia y á la iniquidad, así ahora para santidad presentéis vuestros miembros á servir á la justicia. 20Porque cuando fuisteis siervos del pecado, erais libres acerca de la justicia. 21¿Qué fruto, pues, teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? porque el fin de ellas es muerte.

“Se nos ordena que crucifiquemos la carne, con los afectos y concupiscencias. ¿Cómo lo haremos? ¿Infligiremos dolor al cuerpo? No, pero daremos muerte a la tentación a pecar. Debe expulsarse el pensamiento corrompido. Todo intento debe someterse al cautiverio de Jesucristo. Todas las propensiones animales deben sujetarse a las facultades superiores del alma. El amor de Dios debe reinar supremo; Cristo debe ocupar un trono indiviso. Nuestros cuerpos deben ser considerados como su posesión adquirida. Los miembros del cuerpo han de llegar a ser los instrumentos de la justicia” (Consejos para la Iglesia, págs. 244, 245).

7. ¿Qué fruto produciremos como siervos del Señor? ¿Puede algo com- pararse con el maravilloso don de Dios?

Romanos 6:22, 23 Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna. 23Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

“Necesitamos estar convencidos de la malignidad de una enfermedad antes de sentir la necesidad de ser curados. Aquellos que no captan la pecaminosidad del pecado no están en condiciones de apreciar el valor de la expiación y la necesidad de ser limpiados de todo pecado. El pecador se mide a sí mismo por sí mismo y por aquellos que, como él, son pecadores. No contempla la pureza y la santidad de Cristo. Pero, cuando la ley de Dios impone convicción a su corazón, dice con Pablo: ‘Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí’ Romanos 7:9…”(Alza Tus Ojos, pág.14).

“Cristo es presentado en las Escrituras como un don. El es un don, pero únicamente para aquellos que se entregan a él sin reservas, en alma, cuerpo y espíritu. Hemos de entregarnos a Cristo para vivir una vida de voluntaria obediencia a todos sus requerimientos. Todo lo que somos, todos los talentos y facultades que poseemos son del Señor, para ser consagrados a su servicio. Cuando de esta suerte nos entregamos por completo a él, Cristo, con todos los tesoros del cielo, se da a sí mismo a nosotros. Obtenemos la perla de gran precio” (Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 88).

Estudio adicional

“Ustedes profesan ser siervos de Cristo. ¿Le rinden entonces una obediencia pronta y voluntaria? ¿Preguntan fervientemente cómo agradarán mejor a aquel que los ha llamado a ser soldados de la cruz de Cristo? ¿Exaltan ambos la cruz y se glorían en ella? Contesten estas preguntas a Dios. Todos los actos de ustedes, por secretos que piensen que hayan sido, están abiertos para su Padre celestial. Nada le es oculto ni encubierto. Conoce todos sus actos y los motivos que los impulsan. Él tiene pleno conocimiento de todas sus palabras y pensamientos. Ustedes tienen el deber de dominar sus pensamientos. Tendrán que guerrear contra una imaginación vana” (Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 94).

“Todos los que reciben a Cristo como un Salvador personal, han de manifestar la verdad del Evangelio y su poder salvador en la vida. Dios no pide nada sin hacer provisión para su cumplimiento. Por medio de la gracia de Cristo podemos realizar todo lo que Dios requiere. Todas las riquezas del cielo, han de ser reveladas mediante el pueblo de Dios. Dijo Cristo: ‘En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos’” (Palabras de Vida del Gran Maestro, págs. 242, 243).

“Si nuestros corazones están renovados a la semejanza de Dios, si el amor divino está implantado en el alma, ¿no se cumplirá la ley de Dios en nuestra vida? Cuando el principio del amor es implantado en el corazón, cuando el hombre es renovado a la imagen del que lo creó, se cumple en él la promesa del nuevo pacto: ‘Pondré mis leyes en su corazón, y también en su mente las escribiré’” (El Camino a Cristo, pág. 60).