Introducción 2018-06-01T22:17:31+00:00

Introducción 

Desde el momento en que el ser humano sucumbió al pecado y llegó a ser un esclavo del mal, se inició un conflicto que duraría por siglos. De una generación a otra las fuerzas del bien y el mal se enfrentarían con resultados diversos hasta la aparición del gran Conquistador y Salvador. En relación a la enemistad e intensos conflictos que caracterizarían la historia del pueblo de Dios y la victoria del Hijo de Dios, la esperanzadora profecía del Edén fue anunciada, “y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15). 

El primero, proveniente de la semilla de la mujer, que fue víctima de los violentos ataques del enemigo fue el inocente Abel y muchos más tras él. A través de los siglos “otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados” (Hebreos 11:35-37). Sin embargo, a pesar del amargo conflicto y sufrimiento enfrentado se nos informa que obtuvieron la victoria, pues por la fe alcanzaron las promesas y vencieron enemistad, oposición y conflicto (Hebreos 11:33). 

“En todas las edades la ira de Satanás se ha manifestado contra la iglesia de Cristo y Dios ha derramado su gracia y su Espíritu sobre su pueblo para robustecerlo contra el poder del maligno” (El Conflicto de los Siglospág. 13). 

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, …” (Gálatas 4:4). Él venció a las fuerzas del mal en todos los frentes. El Hijo de Dios fue victorioso desde el pesebre hasta el desierto y desde el Getemaní al Gólgota, en toda circunstancia, ciudades y pueblos, en todo lugar hubo confrontaciones y conflictos con las fuerzas del mal. Llenó de gozo pudo exclamar,  “he vencido al mundo” (Juan16:33). Gracias a Él y su sangre podemos ser vencedores. “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte” (Apocalipsis 12:11). 

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). “Cristo no fracasó, ni se desalentó; y los discípulos debían manifestar una fe igualmente constante. Debían trabajar como él había trabajado, dependiendo de él como fuente de fuerza. Aunque su camino iba a ser obstruído por imposibilidades aparentes, por su gracia habían de avanzar, sin desesperar de nada y esperándolo todo” (Los Hechos de los Apóstoles, pág. 20). 

Tras el cruento conflicto vencido por el Maestro, éste se extendió a sus discípulos y a su iglesia. De hecho, cuanto más nos acercamos al fin mayores desafios nos confrontan en “la buena batalla de la fe”. Con el fin de no ser sorprendidos o estar sin preparación la profecía nos advierte: “El dragón se airó contra la mujer y fue a hacer guerra contra el remanente de su simiente, que guarda los mandamientos de Dios y tiene el testimonio de Jesucristo” (Apocalipsis 12:17).   

“La condición del mundo antes de la primera venida de Cristo es un cuadro de la condición del mundo precisamente antes de su segunda venida. Existirá la misma iniquidad. Satanás manifiesta el mismo poder engañoso sobre la mente de los hombres… Dispone su ejército de instrumentos humanos para que participen en el último gran conflicto contra el Príncipe de la vida, para derribar la ley de Dios que es el fundamento de su trono. Satanás hará milagros para afirmar a los hombres en la creencia de que él es lo que pretende ser: el príncipe de este mundo, y que la victoria es suya. Empleará sus fuerzas contra los que son leales a Dios; pero aunque pueda causar dolor, angustia y agonía humana, no puede mancillar el alma… El pueblo de Dios debe esperar en estos últimos días que entrará en lo más recio del conflicto, pues dice la palabra profética: ‘El dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo’” (Cristo Triunfante, pág. 261). 

¿Cómo podemos confrontar este conflicto? ¿Cómo podemos estar seguros de la victoria? ¿Qué armadura debemos portar? La respuesta adecuada a estas serias preguntas es: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.  Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo…  Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Efesios 6:10, 11, 13).  

“La batalla de la fe” es el tema de estudio durante este trimestre. Quiera el Señor bendecirnos para aprender un sábado tras otro las lecciones necesarias para contar con la armadura de Dios y luchar valientemente “la batalla de la fe” y así alcanzar la victoria prometida.  

 

–Los hermanos y Hermanas de la Asociación General  y el Departamento Ministerial 

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