Introducción2018-06-07T18:37:40+00:00

Introducción

En cuanto Jesucristo inicio su ministerio predicando la cercanía del reino de Dios, dirigió su llamado también a ciertos hombres para ser sus discípulos. Andrés, Simón, Santiago y Juan a las orillas del lago de Galilea escucharon su santo llamado “Sígueme” e inmediatamente le siguieron. Abandonaron su trabajo diario del cual dependía su sostén y siguieron al Maestro. Posteriormente, Mateo, que era un empleado en la oficina de impuestos, fue llamado a abandonar su negocio y unirse al número de discípulos. Él también, sin ninguna objeción renunció a su actividad y siguió al Señor en su ministerio. Mateo no solo llegó a ser un apóstol de las buenas nuevas, sino un evangelista, cuyos escritos han llegado hasta nuestros días.
El discipulado cristiano, no es una cuestión de una promesa simple y teórica sin compromiso práctico. Seguir a Jesús require la negación de nuestros intereses y planes y comprometerse completamente en el servicio del Maestro. Tristemente, muchos cristianos no están dispuestos a practicar una abnegación tal; desean continuar en su camino. No todos están preparados a dedicar todo lo que tienen y son al Señor. Ya es hora de que el pueblo de Dios redescubra lo que es el verdadero discipulado, colocar sus propios intereses en segundo lugar y seguir al Maestro, como Jesús dice: “Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Lucas 9:23).
“Pero Jesús ordenaba a sus discípulos que tomaran la cruz para llevarla en pos de Él. Para los discípulos, sus palabras, aunque vagamente comprendidas, señalaban su sumisión a la más acerba humillación, una sumisión hasta la muerte por causa de Cristo. El Salvador no podría haber descrito una entrega más completa. Pero todo esto él lo había aceptado por ellos. Jesús no reputó el cielo como lugar deseable mientras estábamos per- didos. Él dejó los atrios celestiales, para venir a llevar una vida de oprobios e insultos, y soportar una muerte ignominiosa. El que era rico en los inestimables tesoros del cielo se hizo pobre, a fin de que por su pobreza fuésemos enriquecidos. Hemos de seguir la senda que él pisó” (El Deseado de Todas las Gentes, págs. 385, 386).”
“Somos testigos de Cristo y no debemos permitir que los intereses mundanos absorban nuestro tiempo y atención a tal punto que no tomemos en cuenta las cosas que Dios ha dicho que deben ocupar el primer lugar. Hay en juego intereses superio-res. ‘Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia’ Mateo 6:33. Cristo se dio por entero a la obra que había venido a realizar, y él nos ha dicho: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame’. Mateo 16:24. ‘Y seáis así mis discípulos’ Juan 15:8” (Consejos sobre Mayordomía Cristiana, pág. 316).
“Seguir a Cristo… no es una simulación ni una farsa. Jesús espera que sus dis- cípulos sigan sus pasos, soporten lo que él soportó, sufran lo que él sufrió, venzan como él venció. Él está esperando ansiosamente ver a sus seguidores profesos manifestar el espíritu de abnegación y renunciamiento” (Consejos sobre Salud, pág. 512).
Las lecciones de este trimestre se enfocan en la invitación de Jesús, “ven y sígueme” (Mateo 19:21), una invitación que está llena de su amor sin fin. ¿Cuántos están dispuestos y listos para responder como lo hicieron los discípulos? ¡Las bendiciones son grandes; el gozo, inconmensurable!
“‘Si alguno me sirve—dijo Jesús,—sígame: y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará’. Todos los que han llevado con Jesús la cruz del sacrificio, compartirán con él su gloria. El gozo de Cristo, en su humillación y dolor, consistía en saber que sus discípulos serían glorificados con él. Son el fruto de su sacrificio propio. El desarrollo de su propio carácter y espíritu en ellos es su recompensa, y será su gozo por toda la eternidad. Este gozo lo comparten ellos con él a medida que el fruto de su trabajo y sacrificio se ve en otros corazones y vidas. Son colaboradores con Cristo, y el Padre los honrará como honra a su Hijo” (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 577).
El Señor nos bendiga durante el estudio de estas lecciones para que muchos de nosotros aprendamos a seguir el llamado del Maestro y nos dediquemos a seguir y servir plenamente al Señor como lo hicieron los discípulos.

–Los Hermanos y Hermanas de la Asociación General

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