13. Victoria por medio de Cristo

13. Victoria por medio de Cristo2018-06-06T13:08:11+00:00

Sábado, 29 de Septiembre 2018

Victoria por medio de Cristo

“El gran Capitán de nuestra salvación ha vencido en nuestro favor, para que a través de él podamos ser vencedores, si así lo queremos. Pero Cristo no salva a nadie en contra de su decisión; no obliga a nadie a obedecer. Hizo el sacrificio infinito para que podamos vencer en su nombre y para que su justicia nos sea imputada” (Testimonios para la Iglesia, tomo 3, pág. 501).

Victoria
1.    Para ser victorioso, ¿qué es indispensable para el soldado cristiano vestido de la armadura de Dios?
    Efesios 6:18. 18Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.
    Filipenses 4:6, 7. 6Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensa-mientos en Cristo Jesús.
    1 Juan 5:4, 5. 4Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. 5¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

“Sólo velando en oración y mediante el ejercicio de una fe viviente, el cristiano puede conservar su integridad en medio de las tentaciones que Satanás arroja sobre él. ‘Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe’ 1 Juan 5:4. Hablen cons-tantemente a su corazón el lenguaje de la fe: ‘Jesús dijo que me recibiría, y yo creo en su palabra. Lo alabaré y glorificaré su nombre’. Satanás estará cerca, a nuestro lado, para sugerirnos que no sintamos gozo alguno. Contestémosle: ‘Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe’. Todo me hace feliz porque soy un hijo de Dios. Confío en Jesús. La ley de Dios está en mi corazón; en ninguno de mis pasos resbalaré” (Recibiréis Poder, pág. 362).

2.    ¿A través de quién se obtendrá la victoria prometida? ¿Qué maravillosa visión vio la mensajera del Señor?
    1 Corintios 15:57. 57Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.
    Salmos 108:13. 13En Dios haremos proezas, y él hollará a nuestros enemigos.
“Vi en visión dos ejércitos empeñados en terrible conflicto. Una hueste iba guiada por banderas que llevaban la insignia del mundo; la otra, por el estandarte teñido en sangre del Príncipe Emanuel. Estandarte tras estandarte quedaban arrastrados en el polvo, mientras que una compañía tras otra del ejército del Señor se unía al enemigo, y tribu tras tribu de las filas del enemigo se unía con el pueblo de Dios observador de los mandamientos. Un ángel que volaba por el medio del cielo puso el estandarte de Emanuel en muchas manos, mientras que un poderoso general clamaba con voz fuerte: ‘Acudid a las filas. Ocupen sus posiciones ahora los que son leales a los mandamientos de Dios y al testimonio de Cristo. Salid de entre ellos y separaos, y no toquéis lo inmundo, que yo os recibiré, y os seré por Padre y me seréis por hijos e hijas. Acudan todos los que quieran en auxilio de Jehová, en auxilio de Jehová contra los poderosos’.
“El Capitán de nuestra salvación ordenaba la batalla y mandaba refuerzos a sus soldados. Su fuerza se manifestaba poderosamente y los alentaba a llevar la batalla hasta las puertas. Les enseñó cosas terribles en justicia, mientras que, venciendo y determinado a vencer, los conducía paso a paso” (Testimonios para la Iglesia, tomo 8, pág. 48).

Promesas para los vencedores
3.    ¿A qué méritos recurrirá el soldado cristiano –a los propios o a la justicia de Cristo?
    Apocalipsis 12:11. 11Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.
    Efesios 2:4-9. 4Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. 8Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se gloríe.

“El que está intentando alcanzar el cielo por sus propias obras al guardar la ley, está intentando un imposible. El hombre no puede ser salvado sin la obediencia, pero sus obras no deben ser propias. Cristo debe efectuar en él tanto el querer como el hacer la buena voluntad de Dios… Todo lo que el hombre pueda hacer sin Cristo está contaminado con egoísmo y pecado, pero lo que se efectúa mediante la fe es acepta-ble ante Dios. El alma hace progresos cuando procuramos ganar el cielo mediante los méritos de Cristo. Contemplando a Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, podemos proseguir de fortaleza en fortaleza, de victoria en victoria” (La Maravillosa Gracia de Dios, pág. 177).
“En lo más íntimo de nuestro ser deberíamos darnos cuenta de que todos nuestros esfuerzos son totalmente inútiles por ellos mismos, pues sólo en el nombre y por la fuerza del Conquistador es que podremos ser vencedores” (Recibiréis Poder, pág. 371).

4.    ¿Con qué estarán revestidos los vencedores? ¿Qué maravillosa promesa les ha dado Jesús?
    Apocalipsis 3:5. 5El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.
    Mateo 10:32. 32A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

“El vencedor será cubierto con el manto blanco de la justicia de Cristo, y se dice de él: ‘Y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles’. ¡Oh, qué privilegio ser vencedores, y que nuestros nombres sean presentados ante el Padre por el mismo Salvador! Y cuando como vencedores estemos vestidos ‘de vestiduras blancas’, el Señor reconocerá nuestra fidelidad tan ciertamente como en los días de la iglesia cristiana primitiva él reconoció que había ‘unas pocas personas en Sardis’ que no habían ‘manchado sus vestiduras’. Entonces, caminaremos con él vestidos de blanco, por cuanto por medio de su sacrificio expiatorio seremos tenidos por dignos” (Recibiréis Poder, pág. 366).

La recompensa
5.    ¿Dónde se sentarán los vencedores? ¿Qué emblemas de victoria e insignia real les ofrece Jesús?
    Apocalipsis 3:21; 15:2; 7:9. 21Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. 2Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. 9Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos.

“Antes de entrar en la ciudad de Dios, el Salvador confiere a sus discípulos los emblemas de la victoria, y los cubre con las insignias de su dignidad real. Las huestes resplandecientes son dispuestas en forma de un cuadrado hueco en derredor de su Rey, cuya majestuosa estatura sobrepasa en mucho a la de los santos y de los ángeles, y cuyo rostro irradia amor benigno sobre ellos. De un cabo a otro de la innumerable hueste de los redimidos, toda mirada está fija en él, todo ojo contempla la gloria de Aquel cuyo aspecto fue desfigurado ‘más que el de cualquier hombre, y su forma más que la de los hijos de Adam’.
“Sobre la cabeza de los vencedores, Jesús coloca con su propia diestra la corona de gloria. Cada cual recibe una corona que lleva su propio ‘nombre nuevo’ (Apoca-lipsis 2:17), y la inscripción: ‘Santidad a Jehová’. A todos se les pone en la mano la palma de la victoria y el arpa brillante. Luego que los ángeles que mandan dan la nota, todas las manos tocan con maestría las cuerdas de las arpas, produciendo dulce música en ricos y melodiosos acordes. Dicha indecible estremece todos los corazones, y cada voz se eleva en alabanzas de agradecimiento. ‘Al que nos amó, y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre, y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre; a él sea gloria e imperio para siempre jamás’ Apocalipsis 1:5, 6” (El Conflicto de los Siglos, pág. 628).

6.    Cuando la gran tribulación haya finalizado, ¿qué bienvenida recibirán en las cortes celestiales los resucitados de los muertos en Cristo y los santos vivos?
    Mateo 25:34. 34Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

“En aquel día los redimidos resplandecerán en la gloria del Padre y del Hijo. Tocando sus arpas de oro, los ángeles darán la bienvenida al Rey y a los trofeos de su victoria… Se elevará un canto de triunfo que llenará todo el cielo. Cristo habrá vencido. Entrará en los atrios celestiales acompañado por sus redimidos, testimonios de que su misión de sufrimiento y sacrificio no fue en vano…
“Podemos tener una visión del futuro, de la bienaventuranza en el cielo. En la Biblia se revelan visiones de la gloria futura, escenas bosquejadas por la mano de Dios, las cuales son muy estimadas por su iglesia. Por la fe podemos estar en el umbral de la ciudad eterna, y oír la bondadosa bienvenida dada a los que en esta vida cooperaron con Cristo, considerándose honrados al sufrir por su causa. Cuando se expresen las palabras: ‘Venid, benditos de mi Padre’ (Mateo 25:34), pondrán sus coronas a los pies del Redentor, exclamando: ‘El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza… Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás’ Apocalipsis 5:12, 13” (La Maravillosa Gracia de Dios, págs. 355, 349)

El canto de victoria
7.    ¿Qué triunfante visión describió el profeta de Patmos?
    Apocalipsis 15:2, 3. 2Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. 3Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos.

“¿Qué sostuvo al Hijo de Dios en su vida de pruebas y sacrificios? Vio los resultados del trabajo de su alma y fue saciado. Mirando hacia la eternidad, contempló la felicidad de los que por su humillación obtuvieron el perdón y la vida eterna. Su oído captó la aclamación de los redimidos. Oyó a los rescatados cantar el himno de Moisés y del Cordero” (La Maravillosa Gracia de Dios, pág. 349).
“¡Qué canto será aquel cuando los rescatados del Señor se encuentren en las puertas de la Santa Ciudad, que girarán sobre sus resplandecientes goznes, y las gentes que hayan guardado su Palabra—sus mandamientos—entrarán en la ciudad, cuando la corona del vencedor sea colocada sobre la cabeza de cada uno y sean puestas arpas de oro en sus manos! Todo el cielo resonará con preciosa música y cantos de alabanza al Cordero. ¡Salvados, eternamente salvados en el reino de la gloria! Tener una vida que se mide con la vida de Dios: esa es la recompensa” (La Segunda Venida y el Cielo, pág.170).

Estudio Adicional
“Vamos hacia la patria. El que nos amó al punto de morir por nosotros, nos ha edificado una ciudad. La Nueva Jerusalén es nuestro lugar de descanso. No habrá tristeza en la ciudad de Dios. Nunca más se oirá el llanto ni la endecha de las esperanzas destrozadas y de los afectos tronchados. Pronto las vestiduras de pesar se trocarán por el manto de bodas. Pronto presenciaremos la coronación de nuestro Rey. Aquellos cuya vida quedó escondida con Cristo, aquellos que en esta tierra pelearon la buena batalla de la fe, resplandecerán con la gloria del Redentor en el reino de Dios” (Joyas de los Testimonios, tomo 3, págs. 433, 434).
“Agradezcamos a Dios con corazón, alma y voz; aprendamos a acercarnos a él como por una puerta abierta, creyendo que podemos acceder ante su presencia libremente con nuestras peticiones, y que él oirá y contestará. Si tenemos una fe viva en su poder para ayudar, recibiremos fortaleza para pelear las batallas del Señor con la confiada seguridad de la victoria” (Recibiréis Poder, pág. 366).

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