9. Escapando de un ataque sirio

9. Escapando de un ataque sirio2018-05-01T12:33:24+00:00

La ofrenda especial de Escuela Sabática es para EL DEPARTAMENTO DE SALUD DE LA UNIÓN PERUANA

¡Vuestros ofrendas reflejen el amor abundante que habéis recibido del Cielo!
Sábado 3 de marzo de 2018

Escapando de un ataque sirio

“El valor, la fortaleza, fe e implícita con anza en el poder de Dios para salvar, no se adquieren en un momento. Estas gracias celes ales se ob enen por la experiencia de los años. Por una vida de esfuerzo santo y rme adherencia a lo recto, los hijos de Dios estuvieron sellando su des no. Asediados por innumerables tentaciones, sabían que habían de resis r con rmeza o ser vencidos” (Tes monios selectos, tomo 1, pág. 186).

 

Samaria bajo el asedio

  1. ¿Qué terrible asedio ocurrió bajo el mando de rey sirio Ben-adad entre los años 854 y 842 a. C.?

2 Reyes 6:24, 25, primera parte Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria reunió todo su ejército, y subió y si ó a Samaria. 25Y hubo gran hambre en Samaria…

 

  1. Como resultado del asedio, ¿qué escaseaba cada día más? ¿Cuán serias se volvieron las condiciones?

2 Reyes 6:26-30 Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le gritó, y dijo: Salva, rey señor mío. 27Y él dijo: Si no te salva Jehová, ¿de dónde te puedo salvar yo? ¿Del granero, o del lagar? 28Y le dijo el rey: ¿Qué enes? Ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío. 29Cocimos, pues, a mi hijo, y lo comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha escondido a su hijo. 30Cuando el rey oyó las palabras de aquella mujer, rasgó sus ves dos, y pasó así por el muro; y el pueblo vio el cilicio que traía interiormente sobre su cuerpo.

 

“¿Olvidará el Señor a su pueblo en esa hora de prueba? ¿Olvidó acaso al el Noé cuando sus juicios cayeron sobre el mundo antediluviano? ¿Olvidó acaso a Lot cuando cayó fuego del cielo para consumir las ciudades de la llanura? ¿Se olvidó… de Elías cuando el juramento de Jezabel le amenazaba con la suerte de los profetas de Baal? ¿Se olvidó de Jeremías en el oscuro y húmedo pozo en donde había sido echado? ¿Se olvidó acaso de los tres jóvenes en el horno ardiente o de Daniel en el foso de los leones?…” (Con icto y valor, pág. 369).

 

La profecía del fin de la hambruna

  1. En esta situación aparentemente imposible, ¿qué dijo un consejero del rey? Mientras muchos estaban en completa desesperación, ¿qué revela- ción divina dio el profeta Eliseo al rey y al pueblo?

2 Reyes 6:33; 7:1, 2 Aún estaba él hablando con ellos, y he aquí el mensajero que descendía a él; y dijo: Ciertamente este mal de Jehová viene. ¿Para qué he de espe- rar más a Jehová?… 7:1Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de or de harina un siclo, y dos seahs de ceba- da un siclo, a la puerta de Samaria. 2Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoya- ba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello.

 

“Después de esto, Israel quedó libre por un empo de los ataques sirios. Pero más tarde, bajo la enérgica dirección de un rey resuelto, Hazael los ejércitos sirios rodearon a Samaria y la si aron. Nunca se había visto Israel en tal aprieto como durante este si o. Los pecados de los padres eran de veras cas gados en los hijos y los nietos. Los horrores del hambre prolongada impulsaban al rey de Israel a tomar medidas desesperadas, cuando Eliseo predijo la liberación para el día siguiente” (Profetas y reyes, pág. 192).

 

  1. ¿Qué decidieron hacer cuatro leprosos hambrientos?

2 Reyes 7:3, 4 Había a la entrada de la puerta cuatro hombres leprosos, los cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos? 4Si tratá- remos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos, pues, ahora, y pasemos al campamento de los sirios; si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos.

 

“Pero los que dudan de las promesas de Dios y descon an de las seguridades de su gracia, le deshonran; y su in uencia, en lugar de atraer a otros hacia Cristo, ende a apartarlos de él; son como los árboles estériles que ex enden a lo lejos sus tupidas ramas, privan de la luz del sol a otras plantas y hacen que estas langui- dezcan y mueran bajo la fría sombra. La carrera de esas personas resultara como un acto con nuo de acusación contra ellas. Las semillas de duda y escep cismo que están propagando producirán infaliblemente su cosecha.

“No hay más que una línea de conducta que puedan seguir los que desean sinceramente librarse de las dudas. En lugar de ponerlo todo en tela de juicio y de entregarse a cavilaciones acerca de cosas que no en enden, presten atención a la luz que ya está brillando en ellos y recibirán aún más luz. Cumplan todo deber que su inteligencia ha entendido y así se pondrán en condición de comprender y realizar también los deberes respecto a los cuales les quedan dudas” (El con icto de los siglos, pág. 518).

 

La causa de la huida de los sirios

  1. ¿Qué medios milagrosos había u lizado el Señor, sin violencia ni derra- mamiento de sangre, para hacer retroceder a los sirios y terminar con la hambruna?

2 Reyes 7:5-7 Se levantaron, pues, al anochecer, para ir al campamento de los si- rios; y llegando a la entrada del campamento de los sirios, no había allí nadie. 6Por- que Jehová había hecho que en el campamento de los sirios se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de gran ejército; y se dijeron unos a otros: He aquí, el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los heteos y a los reyes de los egipcios, para que vengan contra nosotros. 7Y así se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus endas, sus caballos, sus asnos, y el campamento como estaba; y habían huido para salvar sus vidas.

 

“Cuando estaba por amanecer la mañana siguiente, el Señor ‘había hecho que en el campo de los Siros se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estré- pito de grande ejército’; y ellos, dominados por el miedo, ‘se habían levantado y huido al principio de la noche, dejando sus endas, sus caballos, sus asnos, y el campo como se estaba’, con abundantes abastecimientos de comida. ‘Habían huido por salvar las vidas’, sin parar hasta haber cruzado el Jordán” (Profetas y reyes, pág. 193).

 

  1. Cuando los leprosos encontraron el abundante bo n, ¿pensaron solamen- te en ellos? ¿A quiénes llevaron la maravillosa no cia?

2 Reyes 7:8-11 Cuando los leprosos llegaron a la entrada del campamento, entra- ron en una enda y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata y oro y ves dos, y fueron y lo escondieron; y vueltos, entraron en otra enda, y de allí también tomaron, y fueron y lo escondieron. 9Luego se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la nueva en casa del rey. 10Vinieron, pues, y gritaron a los guardas de la puerta de la ciudad, y les declararon, diciendo: Nosotros fuimos al campamento de los sirios, y he aquí que no había allí nadie, ni voz de hombre, sino caballos atados, asnos también atados, y el campamento intacto. 11Los porteros gritaron, y lo anun- ciaron dentro, en el palacio del rey.

 

“Durante la noche de la huida, cuatro leprosos que solían estar a la puerta de la ciudad, desesperados de hambre, se habían propuesto visitar el campo si- rio y entregarse a la misericordia de los si adores, con la esperanza de despertar su simpa a y obtener comida. ¡Cuál no fue su asombro cuando, al entrar en el campamento, encontraron que ‘no había allí hombre’! No habiendo nadie que los molestase o se lo prohibiese, ‘entráronse en una enda, y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata, y oro, y ves dos, y fueron, y escondiéronlo: y vueltos, entra- ron en otra enda, y de allí también tomaron, y fueron, y escondieron. Y dijéronse el uno al otro: No hacemos bien: hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos’. Volvieron prestamente a la ciudad para comunicar las gratas nuevas” (Profetas y reyes, pág. 193).

 

Cumplimiento de la profecía

  1. ¿Quiénes fueron así bendecidos con todo lo que los sirios dejaron? Si no- sotros hubiésemos estado en el lugar de los leprosos, ¿habríamos dudado o creído la promesa de Jehová?

2 Reyes 7:16 Entonces el pueblo salió, y saqueó el campamento de los sirios. Y fue vendido un seah de or de harina por un siclo, y dos seahs de cebada por un siclo, conforme a la palabra de Jehová.

 

“Grandes fueron los despojos; y tanto abundaron los abastecimientos que en aquel día ‘fue vendido un seah de or de harina por un siclo, y dos seah de cebada por un siclo’, según lo había predicho Eliseo el día anterior. Una vez más el nombre de Dios fue exaltado ante los paganos, ‘conforme a la palabra de Jehová’ comuni- cada por su profeta en Israel (véase 2 Reyes 7:5-16.)” (Profetas y reyes, pág. 193).

 

Para un estudio adicional

“Así con nuó trabajando el varón de Dios de año en año, manteniéndose cerca del pueblo mientras le servía elmente y al lado del rey como sabio consejero en em- po de crisis. Los largos años de apostasía idólatra de parte de gobernantes y pueblo habían producido su funesto resultado. Por doquiera se veía la obscura sombra de la apostasía, y sin embargo aquí y allí había quienes se habían negado rmemente a doblar la rodilla ante Baal. Mientras Eliseo con nuaba su obra de reforma, muchos fueron rescatados del paganismo y aprendieron a regocijarse en el servicio del Dios verdadero. El profeta se sin ó alentado por esos milagros de la gracia divina, e inspira- do por un gran anhelo de alcanzar a los sinceros de corazón. Dondequiera que estaba, procuraba enseñar la jus cia” (Profetas y reyes, pág. 194).

“Si toleramos la iniquidad en nuestro corazón, si nos aferramos a algún pecado conocido, el Señor no nos oirá: mas la oración del alma arrepen da y contrita será siempre aceptada. Cuando hayamos confesado con corazón contrito, y reparado en lo posible todos nuestros pecados conocidos, podremos esperar que Dios contestará nuestras oraciones. Nuestros propios méritos no nos recomiendan a la gracia de Dios. Es el mérito del Señor Jesús lo que nos salva y su sangre lo que nos limpia; sin embargo nosotros tenemos una obra que hacer para cumplir las condiciones de la aceptación. La oración e caz ene otro elemento: la fe. ‘Porque es preciso que el que viene a Dios, crea que existe, y que se ha cons tuido remunerador de los que le buscan’. El Señor Jesús dijo a sus discípulos: ‘Todo cuanto pidiereis en la oración, creed que lo recibisteis ya; y lo tendréis’. ¿Creéis al pie de la letra todo lo que nos dice?” (El camino a Cristo, pág. 95).

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