6. Los bendecidos permanecen bendecidos

6. Los bendecidos permanecen bendecidos2018-05-01T12:32:35+00:00

Sábado 10 de febrero de 2018

Los bendecidos permanecen bendecidos

“ ‘…Y Balaam respondió a Dios: Balac hijo de Zipor, rey de Moab, ha enviado a decirme: He aquí, este pueblo que ha salido de Egipto cubre la faz de la erra; ven pues, ahora, y maldícemelo; quizá podré pelear contra él y echarlo. Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es’. El ángel dice a Balaam que los hijos de Israel son conducidos para el estandarte del Dios del Cielo, y que ninguna maldición de hombre podría retardar su progreso” (Spirit of Prophecy, tomo 1, pág. 320).

 

  1. Al reunirse con el rey Balac después de encontrarse con el ángel que le resis ó con espada en mano, ¿qué le dijo Balaam?

Números 22:36-38 Oyendo Balac que Balaam venía, salió a recibirlo a la ciudad de Moab, que está junto al límite de Arnón, que está al extremo de su territorio. 37Y Balac dijo a Balaam: ¿No envié yo a llamarte? ¿Por qué no has venido a mí? ¿No puedo yo honrarte? 38Balaam respondió a Balac: He aquí yo he venido a ; mas ¿podré ahora hablar alguna cosa? La palabra que Dios pusiere en mi boca, esa hablaré.

“El rey de Moab, informado de que Balaam se acercaba, salió con un gran sé- quito hasta los con nes de su reino, para recibirlo. Cuando expresó su asombro por la tardanza de Balaam, en vista de las ricas recompensas que le esperaban, el pro- feta le dio esta contestación: ‘Mira, ya he venido ante ; pero ¿podré ahora decir alguna cosa? La palabra que Dios ponga en mi boca, esa hablaré’. Balaam lamen- taba que se le hubiera impuesto esta restricción; temía que sus nes no pudieran cumplirse porque el poder del Señor le dominaba” (Patriarcas y profetas, pág. 420).

 

El primer intento de maldecir a Israel

  1. Después de haber hecho el sacri cio, ¿qué dijo Balaam frente al rey Balac y los príncipes moabitas? ¿Qué había indicado Jehová a Balaam que dijera al rey?

Números 23:3-8 Balaam dijo a Balac: Ponte junto a tu holocausto, y yo iré; quizá Jehová me vendrá al encuentro, y cualquiera cosa que me mostrare, te avisaré. Y se fue a un monte descubierto. 4Y vino Dios al encuentro de Balaam, y éste le dijo: Siete altares he ordenado, y en cada altar he ofrecido un becerro y un carnero. 5Y Jehová puso palabra en la boca de Balaam, y le dijo: Vuelve a Balac, y dile así. 6Y volvió a él, y he aquí estaba él junto a su holocausto, él y todos los príncipes de Moab. 7Y él tomó su parábola, y dijo: De Aram me trajo Balac, Rey de Moab, de los montes del oriente; Ven, maldíceme a Jacob, y ven, execra a Israel. 8¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? ¿Y por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado?

“Con los nobles y los príncipes de Moab, el rey se quedó de pie al lado del sacrificio, mientras que la multitud se congregó alrededor de ellos, y todos espe- raban el regreso del profeta. Por úl mo volvió, y el pueblo esperó oír las palabras capaces de paralizar para siempre aquel poder extraño que se manifestaba en favor de los odiados israelitas…

“Balaam confesó que había venido con el objeto de maldecir a Israel; pero las palabras que pronunció contradijeron rotundamente los sen mientos de su corazón. Se lo obligó a pronunciar bendiciones, mientras que su alma estaba llena de maldiciones.

“Mientras Balaam miraba el campamento de Israel, contempló con asombro la evidencia de su prosperidad. Se lo habían pintado como una mul tud ruda y desorganizada que infestaba el país con grupos de merodeadores que a igían y aterrorizaban las naciones circunvecinas; pero lo que veía era todo lo contrario. Notó la vasta extensión y el orden perfecto del campamento, y que todo denotaba disciplina y orden cabales. Le fue revelado el favor que Dios dispensaba a Israel, y el carácter dis n vo de ese pueblo escogido. No había de equipararse a las otras naciones, sino de superarlas en todo. El ‘pueblo que habita con ado, y no se cuen- ta entre las naciones’. Cuando se pronunciaron estas palabras, los israelitas aun no se habían establecido permanentemente en un si o, y Balaam no conocía su carácter par cular y especial ni sus modales y costumbres. Pero ¡cuán sorprenden- temente se cumplió esta profecía en la historia ulterior de Israel! A través de todos los años de su cau verio y de todos los siglos de su dispersión, han subsis do como pueblo dis nto de los demás. Así también los hijos de Dios, el verdadero Israel, aunque dispersados entre todas las naciones, no son sino advenedizos en la erra, y su ciudadanía está en los cielos” (Patriarcas y profetas, págs. 421, 422).

  1. ¿Cómo reaccionó el rey cuando escuchó lo que dijo Balaam?

Números 23:11, 12 Entonces Balac dijo a Balaam: ¿Qué me has hecho? Te he traído para que maldigas a mis enemigos, y he aquí has proferido bendiciones. 12El respondió y dijo: ¿No cuidaré de decir lo que Jehová ponga en mi boca?

 

“Si Balaam hubiera estado dispuesto a aceptar la luz que Dios le había dado, habría cumplido su palabra; e inmediatamente habría cortado toda relación con Moab. No hubiera presumido ya más de la misericordia de Dios, sino que se habría vuelto hacia él con profundo arrepen miento. Pero Balaam amaba el salario de iniquidad, y estaba resuelto a obtenerlo a todo trance.

“Balac había esperado con adamente que una maldición caería como plaga fulminante sobre Israel; y al oír las palabras del profeta exclamó apasionadamen- te: ‘¿Qué me has hecho? Te he traído para que maldigas a mis enemigos, y tú has proferido bendiciones’. Balaam, procurando hacer de la necesidad una virtud, ase- veró que, movido por un respeto concienzudo de la voluntad de Dios, había pro- nunciado palabras que habían sido impuestas a sus labios por el poder divino. Su contestación fue: ‘¿No debo cuidarme de decir lo que Jehová ponga en mi boca?’ ” (Patriarcas y profetas, pág. 423).

 

El segundo intento

  1. ¿Qué dijo Jehová por medio de Balaam cuando el rey Balac lo llevó a la cumbre de la montaña de Pisga para maldecir a Israel por segunda vez?

Números 23:18-21 Entonces él tomó su parábola, y dijo: Balac, levántate y oye; escucha mis palabras, hijo de Zipor: 19Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? 20He aquí, he recibido orden de bendecir; Él dio bendición, y no podré revocarla. 21No ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel. Jehová su Dios está con él, y júbilo de rey en él.

 

“Embargado por el temor reverente que le inspiraban estas revelaciones, Ba- laam exclamó: ‘Porque contra Jacob no vale agüero, ni adivinación contra Israel’ (Números 23:23). Conforme al deseo de los moabitas, el gran mago había probado el poder de su encantamiento; pero precisamente con respecto a esta ocasión se iba a decir de los hijos de Israel: ‘¡Lo que ha hecho Dios!’ Mientras estuvieran bajo la protección divina, ningún pueblo o nación, aunque sea auxiliado por todo el po- der de Satanás, podría prevalecer contra ellos.” (Patriarcas y profetas, pág. 424).

 

  1. Cuando vio que no obtuvo lo que deseaba, ¿qué dijo Balac a Balaam? ¿Cuál fue la respuesta?

Números 23:25, 26 Entonces Balac dijo a Balaam: Ya que no lo maldices, tampoco lo bendigas. 26Balaam respondió y dijo a Balac: ¿No te he dicho que todo lo que Jehová me diga, eso tengo que hacer?

“El rey de Moab, desalentado y angus ado, exclamó: ‘Ya que no lo maldices, tampoco lo bendigas’. No obstante, subsis a una débil esperanza en su corazón, y decidió hacer otra prueba” (Patriarcas y profetas, pág. 424).

 

El último intento

  1. Después que Balaam había pronunciado bendiciones de parte de Dios so- bre Israel en dos oportunidades, ¿qué hizo Balac, pensando quizás que Dios era como él y cambiaría de opinión? ¿Qué reveló Dios en el tercer oráculo?

Números 23:27; 24:5-9 Y dijo Balac a Balaam: Te ruego que vengas, te llevaré a otro lugar; por ventura parecerá bien a Dios que desde allí me lo maldigas… 24:5¡Cuán hermosas son tus endas, oh Jacob, tus habitaciones, oh Israel! 6Como arroyos están extendidas, como huertos junto al río, como áloes plantados por Jehová, como cedros junto a las aguas. 7De sus manos des larán aguas, y su des- cendencia será en muchas aguas; enaltecerá su rey más que Agag, y su reino será engrandecido. 8Dios lo sacó de Egipto; ene fuerzas como de búfalo. Devorará a las naciones enemigas, Desmenuzará sus huesos, y las traspasará con sus saetas. 9Se encorvará para echarse como león, y como leona; ¿quién lo despertará? Benditos los que te bendijeren, y malditos los que te maldijeren.

 

“El mundo entero iba a maravillarse de la obra asombrosa de Dios en favor de su pueblo, a saber, que un hombre empeñado en seguir una conducta pecaminosa fuera de tal manera dominado por el poder divino que se viera obligado a pro- nunciar, en vez de imprecaciones, las más ricas y las más preciosas promesas en el lenguaje sublime y fogoso de la poesía. Y el favor que en esa ocasión Dios concedió a Israel había de ser garan a de su cuidado protector hacia sus hijos obedientes y eles en todas las edades. Cuando Satanás indujera a los impíos a que calum- niaran, maltrataran y exterminaran al pueblo de Dios, este mismo suceso les sería recordado y fortalecería su ánimo y fe en Dios” (Patriarcas y profetas, pág. 424).

 

  1. ¿Qué hizo el rey Balac cuando vio que todos sus planes se habían esfuma- do y el pueblo de Israel había sido bendecido? ¿Qué gran promesa hay para todos los que bendice el Señor?

Números 24:10 Entonces se encendió la ira de Balac contra Balaam, y ba endo sus manos le dijo: Para maldecir a mis enemigos te he llamado, y he aquí los has bendecido ya tres veces.

Nehemías 13:2 por cuanto no salieron a recibir a los hijos de Israel con pan y agua, sino que dieron dinero a Balaam para que los maldijera; mas nuestro Dios volvió la maldición en bendición.

Romanos 8:31-34 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién con- tra nosotros? 32El que no esca mó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? 33¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que jus ca. 34¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

“Recordemos que nuestro gran Sumo Sacerdote está implorando por nosotros ante el propiciatorio en favor de su pueblo redimido. Siempre vive para hacer in- tercesión por nosotros…

“No olvidará a su iglesia que está en un mundo de tentación. Contempla a su pueblo probado y sufriente, y ruega por ellos… Sí, contempla a su pueblo en este mundo, el cual es un mundo perseguidor, y todo está cauterizado y dañado por la maldición, y sabe que necesitan todos los recursos divinos de su simpa a y amor. Nuestro Antecesor ha entrado velo adentro por nosotros, sin embargo, está unido a su pueblo por la cadena dorada del amor y la verdad en la más cercana simpa a” (Review and Herald, 15 de agosto de 1893).

 

Para un estudio adicional

“Balaam había sido una vez hombre bueno y profeta de Dios; pero había aposta- tado, y se había entregado a la avaricia; no obstante, aun profesaba servir elmente al Al simo. No ignoraba la obra de Dios en favor de Israel; y cuando los mensajeros le dieron su recado, sabía muy bien que debía rehusar los presentes de Balac, y despedir a los embajadores. Pero se aventuró a jugar con la tentación, pidió a los mensajeros que se quedaran aquella noche con él, y les dijo que no podía darles una respuesta de- cisiva antes de consultar al Señor. Balaam sabía que su maldición no podía perjudicar en manera alguna a los israelitas. Dios estaba de parte de ellos; y siempre que fueran eles, ningún poder terrenal o infernal adverso podría prevalecer contra ellos. Pero ha- lagaron su orgullo las palabras de los embajadores: ‘El que tú bendigas, será bendito, y el que maldigas, maldito quedará’. El soborno de los regalos costosos y de la exaltación en perspec va excitaron su codicia. Ávidamente aceptó los tesoros ofrecidos, y luego, aunque profesando obedecer estrictamente a la voluntad de Dios, trató de cumplir los deseos de Balac” (Patriarcas y profetas, pág. 416).

“Todo aquel que quede libre de la esclavitud y servicio de Satanás, y se ponga bajo el estandarte manchado con sangre del Príncipe Emmanuel, será guardado por las intercesiones de Cristo. Cristo, como nuestro Mediador, a la mano derecha del Padre, siempre nos contempla, porque es necesario que nos guarde mediante sus intercesio- nes así como Aquel que nos redimió con su sangre. Si nos dejara por un solo momento, Satanás está listo para destruir. Aquellos que compró con su sangre, ahora los guarda mediante sus intercesiones…” (Manuscrito 73, 1893) (Manuscript Releases, tomo 15, pág. 104).

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