3. Enfrentado la oposición real

3. Enfrentado la oposición real2018-05-01T12:29:34+00:00

Sábado 20 de enero de 2018

Enfrentando la oposición real

“Cada evidencia adicional del poder de Dios que el monarca egipcio resis a, lo conducía a desa ar a Dios con más fuerza y persistencia… Este caso es una ilustración clara del pecado contra el Espíritu Santo. ‘Todo lo que el hombre sembrare, eso tam- bién segará’. Gradualmente el Señor re ró su Espíritu. Al quitar su poder refrendador, el rey quedó a merced del peor de los ranos: el yo” (Review and Herald, 27 de julio de 1897; Con icto y valor, pág. 89).

 

  1. ¿Qué gran misión con ó el Señor a Moisés? ¿Se esperaba que el Faraón aceptara fácilmente la pe ción de que los israelitas fueran liberados?

Éxodo 3:10, 18, 19 Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel… 18Y oirán tu voz; e irás tú, y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le diréis: Jehová el Dios de los hebreos nos ha encon- trado; por tanto, nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que ofrezcamos sacri cios a Jehová nuestro Dios. 19Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte.

“Se le ordenó a Moisés que reuniera primero a los ancianos de Israel, a los más nobles y rectos de entre ellos, a los que habían lamentado durante mucho empo su servidumbre, y que les declarase el mensaje de Dios, con la promesa de la liberación. Después había de ir con los ancianos ante el rey,…

“A Moisés se le había prevenido que Faraón se opondría a la súplica de per- mi r la salida de Israel. Sin embargo, el ánimo del siervo de Dios no debía decaer; porque el Señor haría de ésta, una ocasión para manifestar su poder ante los egip- cios y ante su pueblo. ‘Empero yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir’ ” (Patriarcas y profetas, pág. 258).

 

  1. Lleno de su propia autoridad como gobernante, ¿cómo expresó el rey sus sen mientos de independencia de Dios y su voluntad propia?

Éxodo 5:1-5 Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dije- ron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme esta en el desierto. 2Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel. 3Y ellos dijeron: El Dios de los hebreos nos ha encontrado; iremos, pues, ahora, camino de tres días por el desierto, y ofreceremos sacri cios a Jehová nuestro Dios, para que no venga sobre nosotros con peste o con espada. 4Entonces el rey de Egipto les dijo: Moisés y Aarón, ¿por qué hacéis cesar al pueblo de su trabajo? Volved a vuestras tareas. 5Dijo también Faraón: He aquí el pueblo de la erra es ahora mucho, y vosotros les hacéis cesar de sus tareas.

 

“Cuando el caudillo hebreo se presentó ante el rey con un mensaje de ‘Jehová, el Dios de Israel’, no fue su ignorancia acerca del Dios verdadero la que le sugirió la respuesta, sino que desa ó el poder de Dios al responder: ‘¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz? Yo no conozco a Jehová’. Desde el principio hasta el n, la oposición del faraón al mandato divino no fue resultado de la ignorancia, sino del odio y de un espíritu de desa o” (Patriarcas y profetas, pág. 303).

“De todas las naciones mencionadas en la historia de la Biblia, fue Egipto la que con más osadía negó la existencia del Dios vivo y se opuso a sus mandamien- tos. Ningún monarca resis ó con tanto descaro a la autoridad del cielo, como el rey de Egipto. Cuando se presentó Moisés ante él para comunicarle el mensaje del Señor, el faraón contestó con arrogancia: ‘¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel’ Éxodo 5:2” (El con icto de los siglos, pág. 272).

 

Señales y maravillas en el cielo

¿Qué señal dio el Señor para instar al gobernante egipcio a liberar a los israelitas? ¿Cuál fue su reacción ante las señales y milagros?

Éxodo 7:1, 2, 10-13 Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he cons tuido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. 2Tú dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará a Faraón, para que deje ir de su erra a los hijos de Israel… 10Vinieron, pues, Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron como Jehová lo había mandado. Y echó Aarón su vara delante de Faraón y de sus siervos, y se hizo culebra. 11Entonces llamó también Faraón sabios y hechiceros, e hicieron también lo mismo los hechiceros de Egipto con sus encantamientos; 12pues echó cada uno su vara, las cuales se volvieron culebras; mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos. 13Y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho.

“Otra vez Moisés y Aarón entraron en los señoriales salones del rey de Egipto. Allí, rodeados de altas columnas y relucientes adornos, de bellas pinturas y escul- turas de los dioses paganos, ante el monarca del reino más poderoso de aquel entonces, estaban de pie los dos representantes de la raza esclavizada, con el ob- jeto de repe r el mandato de Dios que requería que Israel fuera librado. El rey exigió un milagro, como evidencia de su divina comisión. Moisés y Aarón habían sido instruidos acerca de cómo proceder en caso de que se hiciera semejante de- manda, de manera que Aarón tomó la vara y la arrojó al suelo ante el faraón. Ella se convir ó en serpiente. El monarca hizo llamar a sus ‘sabios y hechiceros’, y ‘cada uno echó su vara, las cuales se volvieron culebras; pero la vara de Aarón devoró las varas de ellos’. Entonces el rey, más decidido que antes, declaró que sus magos eran iguales en poder a Moisés y Aarón; denunció a los siervos del Señor como impostores, y se sin ó seguro al resis r sus demandas. Sin embargo, aunque menospreció su mensaje, el poder divino le impidió hacerles daño” (Patriarcas y profetas, pág. 237).

 

  1. Después que la devastación de cuatro plagas golpeara Egipto, ¿cuán dis- puesto estuvo el Faraón a aceptar el llamado de Dios y a dar libertad a su pueblo? ¿Qué consecuencias puede esperar una persona si se niega a renunciar a su propia voluntad?

Éxodo 8:32 Mas Faraón endureció aun esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo.

Romanos 2:5 Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepen do, atesoras para mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios.

“El faraón deseaba jus car la terquedad que manifestaba al resis rse al man- dato divino, y buscó algún pretexto para menospreciar los milagros que Dios había hecho por medio de Moisés… Mediante la obra que realizó por intermedio de los magos, hizo aparecer ante los egipcios a Moisés y Aarón como simples magos y hechiceros, y dio así a entender que su demanda no merecía el debido respeto al mensaje de un ser superior. De esta manera la falsi cación satánica logró su pro- pósito; envalentonó a los egipcios en su rebelión y provocó el endurecimiento del corazón del faraón contra la convicción del Espíritu Santo” (Patriarcas y profetas, pág. 238; Tes monios para la iglesia, tomo 5, pág. 653).

“Él [el agente humano] puede elegir ser inspirado y controlado por Satanás, apartarse de todos los sanos principios, como si viviera por su propia invención. Sin embargo, será juzgado como uno que podría haber usado todas sus facultades al servicio de Dios, pero que se negó a hacer esto, y tomó su posición bajo el es- tandarte negro de las potestades de las nieblas. Su incapacidad de hacer el bien que podría haber hecho, si hubiese sido un par cipante de la naturaleza divina, será registrada contra él como una señal de que despreció y descuidó la gran mi- sericordia y erna bondad de Dios, rehusándose a reconocer la demanda de Dios para su servicio” (Pan eto: An Appeal for Missions, pág. 28).

 

Rechazo obstinado a ceder

  1. ¿Cuál fue la actitud del rey después que la nación había sido impactada por nueve terribles plagas? ¿Qué demuestran las palabras dirigidas a Moisés?

Éxodo 10:28, 29 Y le dijo Faraón: Re rate de mí; guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día que vieres mi rostro, morirás. 29Y Moisés respondió: Bien has dicho; no veré más tu rostro.

“Es peligroso abrigar la duda en el corazón aunque sea por un momento. Las semillas de la duda que Faraón sembró cuando rechazó el primer milagro, se de- jaron crecer y produjeron una cosecha tan abundante que todos los milagros sub- siguientes fueron incapaces de persuadirlo de que su posición era equivocada. Siguió aventurándose en su propio camino, pasando de un grado de indagación a otro, y su corazón se endureció cada vez más, hasta que se vio obligado a contem- plar los rostros fríos e inertes de los primogénitos” (Tes monios para la iglesia, tomo 5, pág. 255).

 

  1. ¿Qué doblegó nalmente la voluntad inquebrantable del Faraón? ¿Qué piensas que retuvo al rey de renunciar, mucho empo antes, a sus ideas y así evitar las plagas y devastación que le sobrevinieron a él y a su pueblo?

Éxodo 12:30-33 Y se levantó aquella noche Faraón, él y todos sus siervos, y todos los egipcios; y hubo un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hu- biese un muerto. 31E hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y les dijo: Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e id, servid a Jehová, como habéis dicho. 32Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos; y bendecidme también a mí. 33Y los egipcios apremiaban al pueblo, dándose prisa a echarlos de la erra; porque decían: Todos somos muertos.

 

“A través del vasto reino de Egipto, el orgullo de toda casa había sido humi- llado. Los gritos y gemidos de los dolientes llenaban los aires. El rey y los corte- sanos, con rostros pálidos y piernas temblorosas, estaban aterrados por el horror prevaleciente. El faraón recordó entonces que una vez había exclamado: ‘¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tam- poco dejaré ir a Israel’ (Éxodo 5:2). Ahora, su orgullo, que una vez osara levantarse contra el cielo, estaba humillado hasta el polvo; ‘hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y les dijo: “Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e id a servir a Jehová, como habéis dicho. Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos; y bendecidme también a mí” ‘… También los consejeros reales y el pueblo suplicaron a los israelitas que se fueran de la erra, ‘porque decían: “Todos somos muertos” ‘ ” (Patriarcas y profetas, pág. 252).

 

Agradándose en hacer la voluntad de Dios

  1. A diferencia del monarca egipcio orgulloso, ¿cuál fue la ac tud del Hijo de Dios? ¿Qué deberíamos aprender del registro de estos sucesos impresio- nantes de la Biblia?

Salmos 40:8 El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón.

Mateo 26:42 Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.

Efesios 5:17 Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.

Salmos 143:10 Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a erra de rec tud.

Mateo 7:21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

 

“Jesús dijo: ‘He guardado los mandamientos de mi Padre’. ¿Cómo? Como un hombre. ‘He venido para hacer tu voluntad, oh Dios’. Y ante las acusaciones de los judíos se irguió con la pureza, virtud y san dad de su carácter, y los desa ó: ‘¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?’…” (El Cristo triunfante, pág. 27).

“Jesús dijo de sí mismo: ‘El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado; y tu ley está en medio de mis entrañas’. ‘No busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre’. Y la Escritura dice: ‘El que dice que está en él, debe andar como él anduvo’.

“La palabra de Dios choca a menudo con rasgos de carácter hereditarios y cul vados del hombre y con sus hábitos de vida, pero el oidor que se asemeja al buen terreno, al recibir la palabra, acepta todas sus condiciones y requisitos. Sus hábitos, costumbres y prác cas se someten a la palabra de Dios. Ante su vista los mandamientos del hombre nito y falible, se hacen insigni cantes al lado de la palabra del Dios in nito. De todo corazón y con un solo propósito busca la vida eterna, y obedecerá la verdad a costa de pérdidas, persecuciones y la muerte mis- ma” (Palabras de vida del gran Maestro, pág. 40).

 

Para un estudio adicional

 

“Antes de enviar cada plaga, Moisés había de describir su naturaleza y sus efectos, para que el rey se salvara de ella si quería. Todo cas go despreciado sería seguido de uno más severo, hasta que su orgulloso corazón se humillara, y reconociera al Hacedor del cielo y de la erra como el Dios verdadero y viviente. El Señor iba a dar a los egip cios la oportunidad de ver cuán vana era la sabiduría de sus hombres fuertes, cuán dé- bil el poder de sus dioses, que se oponían a los mandamientos de Jehová. Cas garía al pueblo egipcio por su idolatría, y anularía las supuestas bendiciones que decían recibir de sus dioses inanimados. Dios glori caría su propio nombre para que otras naciones oyeran de su poder y temblaran ante sus prodigios, y para que su pueblo se apartara de la idolatría y le tributara verdadera adoración” (Patriarcas y profetas, pág. 266).

“Cuando se erigen las leyes del yo, la voluntad se torna suprema, y toda vez que se presenta la elevada y santa voluntad de Dios para ser obedecida, respetada y honrada, la voluntad humana se inclina a actuar según sus propios designios, a seguir sus im- pulsos y se plantea así una controversia entre el agente humano y el Divino” (El Cristo triunfante, pág. 27).

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