20. El Anhelo de Nehemias2018-05-01T12:28:32+00:00

Sábado 19 de mayo de 2018

El anhelo de Nehemías

“Nehemías, después de ganar una influencia tan grande sobre el monarca [persa] en cuya corte vivió, y sobre su pueblo en Jerusalén, en vez de adjudicar la alabanza a sus propios y excelentes rasgos de carácter y a su notable aptitud y energía, presentó el asunto simplemente como era. Declaró que su éxito se debía a que la competente mano de Dios descansaba sobre él. Tenía en es ma la verdad de que Dios era su salvaguarda en toda posición de influencia. Por cada rasgo de su carácter, gracias al cual obtenía favor, alababa el poder activo de Dios… y Él le daba sabiduría porque no se exaltaba a sí mismo. El Señor le enseñó a usar los dones que le habían sido confiados para que de ellos obtuviera el mejor provecho y, bajo la supervisión divina, estos talentos ganaron otros” (Alza tus ojos, pág. 241).

 

  1. ¿Cuál fue el profundo interés de Nehemías cuando supo que uno de sus hermanos había venido de Judea? ¿Cómo fue afectado cuando escuchó las nuevas de su país?

Nehemías 1:2-4 Que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. 3Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. 4Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.

 

“Mediante mensajeros de Judea, el patriota hebreo había sabido que habían llegado días de prueba para Jerusalén, la ciudad escogida. Los desterrados que habían regresado sufrían aflicción y oprobio. Se habían reedificado el templo y porciones de la ciudad; pero la obra de restauración se veía estorbada, los servicios del templo eran perturbados, y el pueblo mantenido en constante alarma por el hecho de que las murallas de la ciudad permanecían mayormente en ruinas” (Profetas y reyes, pág. 464).

 

El rey percibe el dolor de Nehemías

  1. Aproximadamente en el año 445 a. C., ¿qué llegó a percibir el rey Artajerjes en Nehemías? ¿Qué le preguntó el rey? Aprovechando la oportunidad de buscar apoyo, ¿qué respondió el siervo de Dios?

Nehemías 2:1-3 Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia, 2me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera. 3Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?

 

“Con frecuencia había derramado Nehemías su alma en favor de su pueblo. Pero mientras oraba esta vez, se formó un propósito santo en su espíritu. Resolvió que si lograra el consentimiento del rey y la ayuda necesaria para conseguir herramientas y material, emprendería él mismo la tarea de reedificar las murallas de Jerusalén y de restaurar la fuerza nacional de Israel. Pidió al Señor que le hiciese obtener el favor del rey, a fin de poder cumplir ese plan…

“Durante cuatro meses Nehemías aguardó una oportunidad favorable para presentar su petición al rey. Mientras tanto, aunque su corazón estaba apesadumbrado, se esforzó por conducirse animosamente en la presencia real. En aquellas salas adornadas con lujo y esplendor, todos debían aparentar alegría y felicidad. La angustia no debía echar su sombra sobre el rostro de ningún acompañante de la realeza. Pero mientras Nehemías se hallaba retraído, oculto de los ojos humanos, muchas eran las oraciones, las confesiones y las lágrimas que Dios y los ángeles oían y veían” (Profetas y reyes, pág. 465).

 

  1. ¿Estuvo el rey dispuesto a conceder la petición de Nehemías? ¿Qué pregunta le hizo?

Nehemías 2:4-6 Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, 5y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de , envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré. 6Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé titiempo.

 

“…Deseo instar a nuestros hermanos a estudiar nuevamente la experiencia de este hombre de oración, fe y sólido juicio quien se atrevió a pedir a su amigo, el rey Artajerjes, ayuda para promover los intereses de la causa de Dios. Que todos comprendan que al presentar las necesidades de nuestra obra, los creyentes podrán reflejar la luz sobre otros únicamente cuando, tal como Nehemías en la antigüedad, se acerquen a Dios y vivan en estrecha relación con el Dador de toda luz. Nuestras propias almas deben estar rmemente arraigadas en el conocimiento de la verdad, si queremos ganar a otros del error a la verdad” (Manuscrito 2, 1914) Consejos sobre mayordomía cristiana, pág. 200.

 

  1. ¿Qué documentos pidió Nehemías para que pudiese recibir la ayuda de las autoridades del otro lado del río? ¿Qué hizo cuando llegó a su país?

Nehemías 2:7-9 Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá; 8y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí. 9Vine luego a los gobernadores del otro lado del río, y les di las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de a caballo.

 

“La petición que dirigió al rey tuvo acogida tan favorable que Nehemías se sintió alentado a pedir aun más ayuda… Consiguió cartas reales dirigidas a los gobernadores de las provincias de allende el Éufrates, por cuyo territorio debía cruzar en viaje a Judea; y obtuvo también una carta en la cual se ordenaba al guarda del bosque real en las montañas del Líbano que le proveyese la madera que necesitara. A fin de que nadie tuviese mo vo para quejarse de que se había excedido, Nehemías tuvo cuidado de que la autoridad y los privilegios que se le otorgaban se de niesen claramente” (Profetas y reyes, pág. 467).

 

Analizando la situación

  1. ¿Cuál fue su primera preocupación cuando llegó a la ciudad? ¿Qué trató de descubrir al analizar la ciudad en la noche sólo con unos cuantos hombres?

Nehemías 2:11-15 Llegué, pues, a Jerusalén, y después de estar allí tres días, 12me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba. 13Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego. 14Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba. 15Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví.

 

“Con el corazón afectado por la tristeza, el visitante desde lejos contempló los muros de su amada Jerusalén en ruina. Y, ¿no es de este modo que los ángeles del cielo contemplan la condición de la iglesia de Cristo? Como los moradores de Jerusalén, nos acostumbramos a los males existentes, y a menudo estamos contentos mientras no hacemos ningún esfuerzo por remediarlos. Pero, ¿cómo son considerados estos males por los seres divinamente iluminados? Como Nehemías, ¿no miran con corazón cargado por la tristeza los muros en ruina y las puertas quemadas con fuego?

“¿No son visibles por doquier las evidencias vergonzosas de la renuncia a Dios y la conformidad con un mundo amante del pecado y enemigo de la verdad? En estos días de tinieblas y peligro, ¿quién puede presentarse en defensa de Sión y mostrarle algún bien?” (The Southern Watchman, 22 de marzo de 1904).

 

  1. ¿Qué llamado hizo a los gobernantes, sacerdotes y nobles tan pronto como determinó la condición exacta de los muros y puertas de la ciudad?

Nehemías 2:16-18 Y no sabían los oficiales a dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los demás que hacían la obra. 17Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio. 18Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien.

 

“Se necesitan Nehemías en la iglesia de nuestros días. No solamente hombres que puedan predicar y orar, sino hombres cuyas oraciones y sermones estén imbuidos de un propósito firme y vehemente. El plan de acción seguido por este patriota hebreo en el cumplimiento de sus propósitos debiera ser adoptado por los ministros y dirigentes. Una vez hechos sus planes, debieran presentarlos a la iglesia de tal manera que obtengan interés y cooperación. Que los hermanos entiendan los planes y compartan la tarea, y tendrán entonces un interés personal en su prosperidad. El éxito que acompañó los esfuerzos de Nehemías muestra lo que pueden lograr la oración, la fe y la acción sabia y enérgica. La fe viva promoverá la acción enérgica. El espíritu que manifieste el director será en gran parte reflejado por el pueblo” (The Southern Watchman, 29 de marzo de 1904) Servicio Cristiano, pág. 221.

Crítica y oposición

  1. Mientras que Nehemías estaba intensamente comprometido con la restauración de la ciudad santa, ¿qué hacían los líderes de las áreas aledañas? A pesar de sus criticas y objeciones, ¿cuál era la firme creencia de Nehemías?

Nehemías 2:10, 19, 20; 6:2, 3 Pero oyéndolo Sanbalat horonita y Tobías el siervo amonita, les disgustó en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel… 19Pero cuanto lo oyeron Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey? 20Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén… 6:2Sanbalat y Gesem enviaron a decirme: Ven y reunámonos en alguna de las aldeas en el campo de Ono. Mas ellos habían pensado hacerme mal. 3Y les envié mensajeros, diciendo: Yo hago una gran obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros.

 

“En todo movimiento religioso hay quienes, si bien no pueden negar que la causa es de Dios, se mantienen apartados y se niegan a hacer esfuerzo alguno para ayudar. Convendría a los tales recordar lo anotado en el cielo en el libro donde no hay omisiones ni errores, y por el cual seremos juzgados. Allí se registra toda oportunidad de servir a Dios que no se aprovechó; y allí también se recuerda para siempre todo acto de fe y amor” (Profetas y reyes, pág. 472).

 

Para un estudio adicional

“Necesitamos Nehemías en esta época del mundo, que inciten a las personas a ver cuán lejos están de Dios por la transgresión de su ley. Nehemías fue un reformador, un gran hombre levantado para un titiempo importante. Cuando se encontraba con la maldad y toda índole de oposición, se despertaban el celo y la valen a natural. Su energía y determinación inspiraban al pueblo de Israel; y la fuerza y el ánimo reemplazaban la debilidad y desánimo. Su santo propósito, su elevada esperanza, su consagración entusiasta a la obra, eran contagiosos. El pueblo se contagiaba del entusiasmo de su líder, y en su esfera todos llegaban a ser un Nehemías, y ayudaban a fortalecer la mano y el corazón de su prójimo.

“He aquí una lección para los ministros de este titiempo. Si son apáticos, inactivos, desposeídos del celo santo, ¿qué se puede esperar del pueblo al que ellos ministran?” (The Southern Watchman, 28 de junio de 1904).

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