12. La Caída de Judá2018-05-01T12:26:12+00:00

Sábado 24 de marzo de 2018

La caída de Judá

“El Señor tiene mucha paciencia con los hombres, y cuando manifiestan la determinación de seguir su propio juicio, les permite que lo hagan. Se me mostró la debilidad y la ignorancia del hombre caído, aun en su mejor condición. A medida que el hombre profundiza su estudio, para conocer mejor la voluntad y los caminos del Señor, percibe con más claridad su propia ignorancia, con lo que pone de manifiesto que está progresando” (Cada día con Dios, pág. 14).

 

Transgresiones y abusos en Judá

  1. En el tiempo del profeta Jeremías, ¿qué transgresiones eran cometidas en el reino de Judá? ¿Qué seria advertencia envió Jehová a los líderes y al pueblo?

Jeremías 17:21-23, 27 Así ha dicho Jehová: Guardaos por vuestra vida de llevar carga en el día de reposo, y de meterla por las puertas de Jerusalén. 22Ni saquéis carga de vuestras casas en el día de reposo, ni hagáis trabajo alguno, sino santificad el día de reposo, como mandé a vuestros padres. 23Pero ellos no oyeron, ni inclinaron su oído, sino endurecieron su cerviz para no oír, ni recibir corrección… 27Pero si no me oyereis para satificar el día de reposo, y para no traer carga ni meterla por las puertas de Jerusalén en día de reposo, yo haré descender fuego en sus puertas, y consumirá los palacios de Jerusalén, y no se apagará.

“El Señor desea que cada uno trabaje por su propio bien espiritual y eterno. Esto sólo puede lograrse en tanto obedezcamos las enseñanzas que Cristo nos ha dejado. Si hemos de obtener la recompensa eterna debemos seguir el ejemplo de Cristo, nuestro Modelo, quien hizo el bien y sólo el bien con los talentos que le confió el Señor. Con gusto entregó su vida para redimir a una raza impía, apóstata. Pero hoy, el egoísmo, la mundanalidad, el orgullo y la complacencia propia están consumiendo constantemente los recursos encomendados a los que declaran ser cristianos. Están malversando el dinero que el Señor pide que empleen para atraer a muchos hijos e hijas hacia Él” (Alza tus ojos, pág. 232).

“De manera que ‘en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalem’, el mensaje que dirigía Jeremías a Judá era: ‘Oíd las palabras de este pacto’, es decir los claros preceptos de Jehová como estaban registrados en las Sagradas Escrituras, ‘y ponedlas por obra’ (Jeremías 11:6)” (Profetas y reyes, pág. 304).

 

  1. ¿Qué otros pecados e irregularidades fueron cometidas, a pesar del pacto solemne del pueblo con el Señor?

Jeremías 25:6, 7; 34:8-11, 17, 18 Y no vayáis en pos de dioses ajenos, sirviéndoles y adorándoles, ni me provoquéis a ira con la obra de vuestras manos; y no os haré mal. 7Pero no me habéis oído, dice Jehová, para provocarme a ira con la obra de vuestras manos para mal vuestro… 34:8Palabra de Jehová que vino a Jeremías, después que Sedequías hizo pacto con todo el pueblo en Jerusalén para promulgarles libertad; 9que cada uno dejase libre a su siervo y a su sierva, hebreo y hebrea; que ninguno usase a los judíos, sus hermanos, como siervos. 10Y cuando oyeron todos los príncipes, y todo el pueblo que había convenido en el pacto de dejar libre cada uno a su siervo y cada uno a su sierva, que ninguno los usase más como siervos, obedecieron, y los dejaron. 11Pero después se arrepintieron, e hicieron volver a los siervos y a las siervas que habían dejado libres, y los sujetaron como siervos y siervas… 17Por tanto, así ha dicho Jehová: Vosotros no me habéis oído para promulgar cada uno libertad a su hermano, y cada uno a su compañero; he aquí que yo promulgo libertad, dice Jehová, a la espada y a la pestilencia y al hambre; y os pondré por afrenta ante todos los reinos de la tierra. 18Y entregaré a los hombres que traspasaron mi pacto, que no han llevado a efecto las palabras del pacto que celebraron en mi presencia, dividiendo en dos partes el becerro y pasando por medio de ellas.

 

“Delante de ti está el sendero que conduce a la ruina certera. ¿No te volverás mientras puedas hacerlo? ¿No buscarás al Señor mientras que la dulce voz de la misericordia te invita a hacerlo, o insistirás todavía en seguir tu propio camino? El Señor se compadece de . El Señor te invita. ¿Vendrás? El Señor te ayude a tomar la decisión de ser enteramente suya” (Carta 51, 1889; Carta a jóvenes enamorados, pág. 44).

 

La responsabilidad del rey

  1. ¿Qué relatan las Escrituras respecto a Sedequías, el último rey de Judá?

2 Crónicas 36:11-13 De veintiún años era Sedequías cuando comenzó a reinar, y once años reinó en Jerusalén. 12E hizo lo malo ante los ojos de Jehová su Dios, y no se humilló delante del profeta Jeremías, que le hablaba de parte de Jehová. 13Se rebeló asimismo contra Nabucodonosor, al cual había jurado por Dios; y endureció su cerviz, y obstinó su corazón, para no volverse a Jehová el Dios de Israel.

“Mediante Daniel y otros cautivos hebreos, el monarca Babilónico había llegado a conocer el poder y la autoridad suprema del Dios verdadero; y cuando Sedequías volvió a prometer solemnemente que le permanecería leal, Nabucodonosor le pidió que jurase esta promesa en nombre del Señor Jehová Dios de Israel. Si Sedequías hubiese respetado esta renovación de su pacto jurado, su lealtad habría ejercido una infuencia profunda en el espíritu de muchos de los que observaban la conducta de quienes aseveraban reverenciar el nombre del Dios de los hebreos y apreciar su honor. Pero el rey de Judá perdió de vista su alto privilegio de honrar el nombre del Dios viviente” (Profetas y reyes, pág. 329).

 

Apostasía también entre los sacerdotes

  1. ¿Qué condición peculiarmente deplorable se había generado entre los principales sacerdotes y la mayoría del pueblo?

2 Crónicas 36:14-16 También todos los principales sacerdotes, y el pueblo, aumentaron la iniquidad, siguiendo todas las abominaciones de las naciones, y contaminando la casa de Jehová, la cual él había sanficado en Jerusalén. 15Y Jeho- vá el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo, y de su habitación. 16Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio.

 

“Los hijos del mundo son llamados hijos de las tinieblas. Están enceguecidos por el dios de este mundo y son conducidos por el espíritu del príncipe de las tinieblas. No pueden disfrutar de las cosas celestiales. Los hijos de la luz tienen sus afectos puestos en las cosas de arriba. Dejan detrás de ellos las cosas de este mundo. Cumplen el mandamiento: ‘Salid de en medio de ellos y apartaos’. Y se les da esta promesa condicional: ‘Yo os recibiré’. Desde el comienzo, Cristo ha elegido a su pueblo para que salga del mundo y requiere que se separe de él, y que no tengan comunión con las obras infructuosas de las nieblas. Si aman a Dios y guardan sus mandamientos distarán mucho de tener amistad con el mundo y de amar sus placeres. No hay concordia entre Cristo y Belial” (Tes monios para la iglesia, tomo 1, pág. 252).

“La nación judía se presenta ante nosotros como un ejemplo de la terminación de la paciencia de Dios. La destrucción del mundo se tipifica en la destrucción de Jerusalén. Los labios de Aquel que alguna vez pronunciaron bendiciones sobre el penitente, hablaron palabras de ánimo al pobre y doliente, y trajeron alegría al humilde, pronunciaron una maldición sobre aquellos a quienes había presentado la luz, que no quisieron apreciar ni aceptar la luz. Aquellos que pensaban rehuir de la Palabra clara e inconfundible de Dios, y conservar tradiciones humanas, Él declaró que serían hallados culpables de toda la sangre de los profetas que habían sido asesinados desde la fundación del mundo” (Manuscrito sin fecha, 145).

“A causa de los pecados de Israel la calamidad que Dios dijo alcanzaría al templo si su pueblo se apartaba de él, se cumplió algunos siglos después de su construcción. Dios prometió a Salomón que si permanecía el, y su pueblo obedecía sus mandamientos, ese glorioso templo permanecería para siempre en todo su esplendor, como una evidencia de la prosperidad y las espléndidas bendiciones que descenderían sobre Israel como resultado de su obediencia” (La historia de la redención, pág. 199).

“Por la transgresión del pueblo de Israel a los mandamientos de Dios, y por sus actos malvados, Dios permitió que fuesen cautivos para humillarlos y castigarlos. Antes de que el templo fuese destruido, Dios hizo saber a algunos de sus siervos fieles el destino del templo, el cual era el orgullo de Israel, y el cual respetaban con idolatría, mientras pecaban contra Dios. También les reveló la cautividad de Israel” (Spiritual Gifts, tomo 4a, págs. 114, 115).

 

Jerusalén bajo el asedio de los babilonios

  1. De acuerdo con la profecía, ¿quiénes vinieron contra Jerusalén? ¿Qué situación dificil surgió después de muchos meses de asedio?

2 Reyes 25:1-4 Aconteció a los nueve años de su reinado, en el mes décimo, a los diez días del mes, que Nabucodonosor rey de Babilonia vino con todo su ejército contra Jerusalén, y la sitió, y levantó torres contra ella alrededor. 2Y estuvo la ciudad sitiada hasta el año undécimo del rey Sedequías. 3A los nueve días del cuarto mes prevaleció el hambre en la ciudad, hasta que no hubo pan para el pueblo de la tierra. 4Abierta ya una brecha en el muro de la ciudad, huyeron de noche todos los hombres de guerra por el camino de la puerta que estaba entre los dos muros, junto a los huertos del rey, estando los caldeos alrededor de la ciudad; y el rey se fue por el camino del Arabá.

 

“Dios hizo de Sión su santa morada, el gozo de toda la tierra. Pero pese a su bondad para con su pueblo elegido, se olvidaron de él, y erraron en la idolatría. Antes de su dispersión, repetidas advertencias llegaron a ellos; mas ‘no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos’.

“Si los hombres se niegan a recibir las amonestaciones de Jehová, si persisten en andar en oposición a su instrucción, Él no podrá librarlos de las consecuencias evidentes de su propio rumbo. Si se colocan en oposición a sus propósitos, y abandonan los principios del cielo, permitirá que sus enemigos los humillen” (The Youth’s Instructor, 14 de mayo de 1903).

 

La caída del reino

  1. Puesto que no hubo reforma ni reavivamiento espiritual, ¿qué sucedió con el reino de Judá y el templo en los años 587/586 a. C.?

2 Crónicas 36:17-20 Por lo cual trajo contra ellos al rey de los caldeos, que mató a espada a sus jóvenes en la casa de su santuario, sin perdonar joven ni doncella, anciano ni decrépito; todos los entregó en sus manos. 18Asimismo todos los utensilios de la casa de Dios, grandes y chicos, los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey y de sus príncipes, todo lo llevó a Babilonia. 19Y quemaron la casa de Dios, y rompieron el muro de Jerusalén, y consumieron a fuego todos sus palacios, y destruyeron todos sus objetos deseables. 20Los que escaparon de la espada fueron llevados cautivos a Babilonia; y fueron siervos de él y de sus hijos, hasta que vino el reino de los persas.

“La debilidad de Sedequías fue un pecado por el cual pagó una pena espantosa. El enemigo descendió como alud irresistible, y devastó la ciudad. Los ejércitos hebreos fueron rechazados en confusión. La nación fue vencida. Sede- quías fue tomado prisionero y sus hijos fueron muertos delante de sus ojos. El rey fue sacado de Jerusalén cautivo, se le sacaron los ojos, y después de llegar a Babilonia pereció miserablemente. El hermoso templo que durante más de cuatro siglos había coronado la cumbre del monte Sión, no fue preservado por los caldeos…

“En el momento de la destrucción final de Jerusalén por Nabucodonosor, muchos fueron los que, habiendo escapado a los horrores del largo si o, perecieron por la espada. De entre los que todavía quedaban, algunos, notablemente los principales sacerdotes, oficiales y príncipes del reino, fueron llevados a Babilonia y allí ejecutados como traidores. Otros fueron llevados cautivos, para vivir en servidumbre de Nabucodonosor y de sus hijos ‘hasta que vino el reino de los Persas; para que se cumpliese la palabra de Jehová por la boca de Jeremías’ (vers. 20, 21)” (Profetas y reyes, pág. 338).

Promesa de la restauración

  1. ¿Por cuánto tiempo quedaría desolada la tierra de Judá y el pueblo sometido al rey de Babilonia? ¿Qué sucedería después de los setenta años de cautividad babilónica?

2 Crónicas 36:21 Para que se cumpliese la palabra de Jehová por la boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo gozado de reposo; porque todo el tiempo de su asolamiento reposó, hasta que los setenta años fueron cumplidos.

Jeremías 7:23; 29:10; 33:11 Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien… 29:10Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar… 33:11Ha de oírse aún voz de gozo y de alegría, voz de desposado y voz de desposada, voz de los que digan: Alabad a Jehová de los ejércitos, porque Jehová es bueno, porque para siempre es su misericordia; voz de los que traigan ofrendas de acción de gracias a la casa de Jehová. Porque volveré a traer los cautivos de la tierra como al principio, ha dicho Jehová.

 

“…Por haber sido elegido Israel para conservar el conocimiento de Dios en la tierra, había sido, desde el mismo principio de su existencia como nación, el objeto especial de la enemistad de Satanás, y éste se habría propuesto causar su destrucción. No podía hacerles daño mientras los hijos de Israel fueran obedientes a Dios; por lo tanto había dedicado todo su poder y astucia a inducirlos a pecar. Seducidos por sus tentaciones, habían transgredido la ley de Dios y, habiéndose separado así de la Fuente de su fuerza, se les había dejado caer presa de sus enemigos paganos. Fueron llevados en cautiverio a Babilonia, y permanecieron allí muchos años. Sin embargo, el Señor no los abandonó. Les envió sus profetas con reproches y amonestaciones. El pueblo despertó, vio su culpabilidad, se humilló delante de Dios, y volvió a él con verdadero arrepentimiento. Entonces el Señor le envió mensajes de aliento, declarando que le libraría del cautiverio y le devolvería su favor” (Tes monios para la iglesia, tomo 5, pág. 442).

 

Para un estudio adicional

2 Reyes, capítulo 25
2 Crónicas 36:11-21 Jeremías, capítulos 34 y 39

“Cuanto más cerca vive el cristiano de Dios, más luz divina penetra en su mente. Tiene más conciencia de su propia pequeñez, discierne sus defectos de carácter y ve sus obligaciones tal como Dios se las presenta. Cuanto más cerca esté de Jesús, más clara y nítida será la impresión de sus propios defectos, que antes ni siquiera percibía, y entonces verá la necesidad de humillarse a sí mismo bajo la poderosa mano de Dios. Si se eleva, no será porque él mismo se está elevando, sino porque el Señor lo exalta. Con sus ojos fijos en la pureza y la perfección de Cristo Jesús, al reconocer y obedecer a Dios en todos sus caminos, no estará ciego a sus propias faltas e imperfecciones. Aunque su conducta a los ojos de los hombres sea sin tacha e irreprochable, Dios lee las intenciones y los propósitos del corazón.

“La humildad cristiana es un don maravilloso, un antidoto eficaz contra la apostasía de Satanás, que está lleno de ambición impía y de todo engaño que puede idear. La gracia de la humildad otorgada por medio de Cristo Jesús, inducirá al hombre imperfecto a descubrir sus imperfecciones, y a prepararlo para participar de la herencia de los santos, donde Dios es todo y está en todo…” (Cada día con Dios, pág. 14).

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