11. Liberación milagrosa2018-05-01T12:26:04+00:00

Sábado 17 de marzo de 2018

Liberación milagrosa

“No hay nada que inspire tan prestamente fe como el ejercicio de ella. El rey de Judá se había preparado para la tormenta que se avecinaba; y ahora, con ando en que la profecía pronunciada contra los asirios se iba a cumplir, fortaleció su alma en Dios. ‘Y a rmóse el pueblo sobre las palabras de Ezequías’ (2 Crónicas 32:8). ¿Qué importaba que los ejércitos de Asiria, que acababan de conquistar las mayores naciones de la erra, y de triunfar sobre Samaria en Israel, volviesen ahora sus fuerzas contra Judá? ¿Qué importaba que se jactasen: ‘Como halló mi mano los reinos de los ídolos, siendo sus imágenes más que Jerusalén y Samaria; como hice a Samaria y a sus ídolos, ¿no haré también así a Jerusalén y a sus ídolos?’? (Isaías 10:10, 11). Judá no tenía mo vos de temer, porque con aba en Jehová…

“Con infalible exactitud el In nito sigue llevando cuenta con las naciones. Mientras ofrece su misericordia, y llama al arrepen miento, esta cuenta permanece abierta; pero cuando las cifras llegan a cierta can dad que Dios ha jado, el ministerio de su ira comienza. La cuenta se cierra. Cesa la paciencia divina. La misericordia ya no intercede en favor de aquellas naciones” (Profetas y reyes, págs. 261, 269).

 

Ataques asirios contra Judá

  1. ¿Qué campaña militar emprendió el rey asirio Senaquerib en el año 701 a. C. contra el reino de Judá? ¿Qué amenaza hizo su general Rabsaces?

2 Reyes 18:13, 29-31 A los catorce años del rey Ezequías, subió Senaquerib rey de Asiria contra todas las ciudades for cadas de Judá, y las tomó… 29Así ha dicho el rey: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mi mano. 30Y no os haga Ezequías con ar en Jehová, diciendo: Ciertamente nos librará Jehová, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria. 31No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y salid a mí, y coma cada uno de su vid y de su higuera, y beba cada uno las aguas de su pozo.

 

“Llegó nalmente la crisis que se esperaba desde hacía mucho. Las fuerzas de Asiria, avanzando de un triunfo a otro, se hicieron presentes en Judea. Con ados en la victoria, los caudillos dividieron sus fuerzas en dos ejércitos, uno de los cua- les había de encontrarse con el ejército egipcio hacia el sur, mientras que el otro iba a si ar a Jerusalén.

“Dios era ahora la única esperanza de Judá. Este se veía cortado de toda ayuda que pudiera prestarle Egipto, y no había otra nación cercana para extenderle una mano amistosa” (Profetas y reyes, pág. 261).

 

  1. ¿Sembraron las palabras in midantes de Rabsaces semillas de duda sólo contra el rey Ezequías, o fue mucho más allá de eso?

2 Reyes 18:34, 35 ¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaim, de Hena, y de Iva? ¿Pudieron éstos librar a Samaria de mi mano? 35¿Qué dios de todos los dioses de estas erras ha librado su erra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?

 

“Los o ciales asirios, seguros de la fuerza de sus tropas disciplinadas, dispu- sieron celebrar con los príncipes de Judá una conferencia durante la cual exigie- ron insolentemente la entrega de la ciudad. Esta exigencia fue acompañada por blasfemias y vilipendios contra el Dios de los hebreos. A causa de la debilidad y la apostasía de Israel y de Judá, el nombre de Dios ya no era temido entre las naciones, sino que había llegado a ser mo vo de con nuo oprobio (Isaías 52:5)” (Profetas y reyes, pág. 261).

 

Efectos sobre el rey y el pueblo

  1. ¿Intentó el pueblo judío discu r con el general asirio cuando oyeron es- tas horribles amenazas? ¿Cómo fueron afectados los o ciales del rey Ezequías?

2 Reyes 18:36, 37 Pero el pueblo calló, y no le respondió palabra; porque había mandamiento del rey, el cual había dicho: No le respondáis. 37Entonces Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller, vinieron a Ezequías, rasgados sus ves dos, y le contaron las palabras del Rabsaces.

 

“Al oír estos desa os, los hijos de Judá ‘no le respondieron palabra’. La confe- rencia terminó. Los representantes judíos volvieron a Ezequías, ‘rotos sus ves dos, y contáronle las palabras de Rabsaces’ (Vers. 21, 22). Al imponerse del reto blasfe- mo, el rey ‘rasgó sus vestidos, y cubrióse de saco, y entróse en la casa de Jehová’ (2 Reyes 19:1)” (Profetas y reyes, pág. 262).

 

  1. ¿Cómo se sintió el rey Ezequías sobre estas terribles amenazas contra su pueblo? No obstante, ¿qué sabia decisión hizo?

2 Reyes 19:1-4 Cuando el rey Ezequías lo oyó, rasgó sus ves dos y se cubrió de cilicio, y entró en la casa de Jehová. 2Y envió a Eliaquim mayordomo, a Sebna es- criba y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías hijo de Amoz, 3para que le dijesen: Así ha dicho Ezequías: Este día es día de angus a, de reprensión y de blasfemia; porque los hijos están a punto de nacer, y la que da a luz no ene fuerzas. 4Quizá oirá Jehová tu Dios todas las palabras del Rabsaces, a quien el rey de los asirios su señor ha enviado para blasfemar al Dios viviente, y para vituperar con palabras, las cuales Jehová tu Dios ha oído; por tanto, eleva oración por el remanente que aún queda.

 

“Se mandó un mensajero a Isaías para informarle del resultado de la confe- rencia. El mensaje enviado por el rey fue éste: ‘Este día es día de angus a, y de reprensión, y de blasfemia’…

“ ‘Mas el rey Ezechías, y el profeta Isaías hijo de Amós, oraron por esto, y cla- maron al cielo’ (2 Crónicas 32:20)” (Profetas y reyes, pág. 263).

 

  1. ¿Qué respuesta inmediata y reconfortante envió el profeta al rey Ezequías a través de los mensajeros? Sin embargo, ¿qué otra blasfemia fue dicha contra Dios por los enemigos crueles y amenazantes?

2 Reyes 19:5-7, 10-13 Vinieron, pues, los siervos del rey Ezequías a Isaías. 6E Isaías les respondió: Así diréis a vuestro señor: Así ha dicho Jehová: No temas por las pa- labras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria. 7He aquí pondré yo en él un espíritu, y oirá rumor, y volverá a su erra; y haré que en su erra caiga a espada… 10Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú con as, para decir: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. 11He aquí tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las e- rras, destruyéndolas; ¿y escaparás tú? 12¿Acaso libraron sus dioses a las naciones que mis padres destruyeron, esto es, Gozán, Harán, Resef, y los hijos de Edén que estaban en Telasar? 13¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?

 

Segunda súplica hacia Dios

¿En dónde buscó nuevamente ayuda el rey Ezequías? ¿Qué respuesta cla- ra dio el Señor a su siervo respecto a los asirios orgullosos?

2 Reyes 19:14, 15, 20-22 Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores; y después que las hubo leído, subió a la casa de Jehová, y las extendió Ezequías delante de Jehová. 15Y oró Ezequías delante de Jehová, diciendo: Jehová Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la erra; tú hiciste el cielo y la erra… 20Entonces Isaías hijo de Amoz envió a decir a Ezequías: Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Lo que me pediste acerca de Sena- querib rey de Asiria, he oído. 21Esta es la palabra que Jehová ha pronunciado acer- ca de él: La virgen hija de Sion te menosprecia, te escarnece; detrás de mueve su cabeza la hija de Jerusalén. 22¿A quién has vituperado y blasfemado? ¿y contra quién has alzado la voz, y levantado en alto tus ojos? Contra el Santo de Israel.

 

“Cuando el rey de Judá recibió la carta desa ante, la llevó al templo, y exten- diéndola ‘delante de Jehová’ (Vers. 14), oró con fe enérgica pidiendo ayuda al Cielo para que las naciones de la erra supiesen que todavía vivía y reinaba el Dios de los hebreos. Estaba en juego el honor de Jehová; y él solo podía librarlos” (Profetas y reyes, pág. 263).

 

¿Qué prevaleció: la fuerza de las armas asirias o la palabra de Dios que ellos habían blasfemado? ¿Qué terrible crisis terminó? ¿Qué gran mo va- ción puede encontrar el pueblo de Dios hoy en esta experiencia?

2 Reyes 19:32-37 Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella con escudo, ni levan- tará contra ella baluarte. 33Por el mismo camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. 34Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo. 35Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. 36Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, y volvió a Nínive, donde se que- dó. 37Y aconteció que mientras él adoraba en el templo de Nisroc su dios, Adramelec y Sarezer sus hijos lo hirieron a espada, y huyeron a erra de Ararat.

 

“La tierra de Judá había sido asolada por el ejército ocupante; pero Dios había prome do atender milagrosamente las necesidades del pueblo…

“Pronto llegaron a Senaquerib, que estaba todavía guardando el camino de Judea a Egipto, las no cias referentes a ese terrible cas go del ejército que había sido enviado a tomar Jerusalén. Sobrecogido de temor, el rey asirio apresuró su par da, y ‘volvióse por tanto con vergüenza de rostro a su erra’. Pero no iba a reinar mucho más empo. De acuerdo con la profecía que había sido pronunciada acerca de su n repen no, fue asesinado por los de su propia casa, ‘y reinó en su lugar Esar-hadón su hijo’ (Isaías 37:38).

“El Dios de los hebreos había prevalecido contra el orgulloso asirio. El honor de Jehová había quedado vindicado en ojos de las naciones circundantes. En Je- rusalén el corazón del pueblo se llenó de santo gozo. Sus fervorosas súplicas por liberación habían sido acompañadas de la confesión de sus pecados y de muchas lágrimas. En su gran necesidad, habían con ado plenamente en el poder de Dios para salvarlos, y él no los había abandonado. Repercu eron entonces en los atrios del templo cantos de solemne alabanza” (Profetas y reyes, págs. 266, 267).

 

Para un estudio adicional

2 Reyes capítulos 18 y 19
2 Crónicas capítulo 32
Isaías capítulos 36 y 37
Profetas y reyes, Capítulo 30 (“Librados de Asiria”), págs. 259-270.

“Pero los gobernantes de Asiria, en vez de emplear sus bendiciones extraordina- rias para bene cio de la humanidad, llegaron a ser el azote de muchas erras. Despia- dados, sin consideración para Dios ni para sus semejantes, se dedicaron con terquedad a obligar a todas las naciones a reconocer la supremacía de los dioses de Nínive, a los cuales ensalzaban por sobre el Al simo. Dios les había enviado a Jonás con un mensaje de amonestación, y durante un empo se humillaron delante de Jehová de los ejér- citos, y procuraron su perdón. Pero pronto volvieron a adorar los ídolos y a tratar de conquistar el mundo…

“El orgullo de Asiria y su caída habían de servir como lección obje va hasta el n del empo. Acerca de las naciones de la erra que hoy se levantan con arrogancia y orgullo contra él, Dios pregunta: ‘¿A quién te has comparado así en gloria y en grande- za entre los árboles de Edén? Pues derribado serás con los árboles de Edén en la erra baja’ (vers. 18)” (Profetas y reyes, págs. 268, 270).

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